ella

Sonríe como si cada detalle fuera un milagro.
Llora con canciones, con flores, con amaneceres, con una piedra cualquiera.
Se emociona por lo simple, como si lo simple fuera todo.

Dice lo que piensa aunque tiemble la espiral del silencio.
Colecciona bailarinas de todos los colores y aún le parecen pocas.
Ablanda corazones que juraban ser de hierro.

Se enamora del jazmín, del café recién hecho, de un libro abierto.
Llora en las películas de amor, se abraza a sí misma y vuelve a llorar como si la memoria doliera dos veces.
Ríe hasta perder el aire, incluso de sus propias desgracias.

No sabe de odio ni de rencor, pero sí de segundas oportunidades.
Se equivoca, pero nunca falta amor en lo que entrega.
Es anfitriona perfecta: contigo, todo parece casa.

Su memoria sorprende, su imaginación enloquece, su sentido de la orientación desespera.
Es diestra para escribir, zurda para comer, torpe para odiar.

Puede bailar en mitad de la calle sin importarle nada.
Cuando discute, termina riéndose.
Cuando canta, desafina, pero canta tan feliz que nadie osa callarla.

Siente las injusticias como si fueran suyas.
Se pierde en post-its, bolígrafos de colores, conversaciones infinitas.
Ama tanto el dulce como el salado. Tanto la vida como las películas a media luz, con manta y palomitas de colores.

Es sensible como la porcelana, pero apasionada hasta incendiarlo todo.
Una vez alguien dijo que parecía una princesa caída por error en este planeta.
Yo pienso que no fue error.
Está aquí para recordarnos que la vida, con ella dentro, siempre pesa menos.


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