Puede que lo soñase... o no



Me miraba los pies al caminar.
No corría. No tenía prisa.
Solo esas sandalias viejas que han visto tanto y que hoy aprendían un suelo nuevo: tierra, no asfalto. Tierra fértil. Tierra que se queda en la memoria como se queda un secreto en el pecho.

El aire traía olor a sal y a azahar.
Una brisa suave me acariciaba la piel como quien dice “todavía es verano, aunque no lo sea”.
No necesitábamos palabras. El atardecer era demasiado perfecto para estropearlo con frases torpes.

De repente, tus dedos rozaron los míos.
Solo un segundo.
Agachamos la cabeza.
El corazón, sin embargo, no bajó la mirada.

Yo dudé.
Pensé.
Imaginé.
Casi lloré.

Y entonces tú —valiente, quizá torpe— volviste a buscar mi mano.
Esta vez no huyó.
Nuestros dedos se reconocieron, insistieron, se enredaron como raíces buscando agua.
Noté tu piel, tu pulso temblando.
Y sonreí.

Los dos en silencio, despidiéndonos del día agarrados de la mano, con los últimos rayos de sol escribiendo nuestra silueta entre palmeras y naranjos.
Te miré de reojo y pensé que tu nariz parecía esculpida por Miguel Ángel.
Y sonreí otra vez.
Ojalá no fuese un sueño, recé.

Nuestras manos dejaron de temblar.
Se buscaron los brazos, se buscó el cuerpo.
Noté tu olor, tu respiración, el latido de tu corazón.
Yo sonreía como una idiota y agachaba la cabeza para que no me descubrieras.
Me entraron ganas de reír a carcajadas.

Tus dedos siguieron acariciando los míos con esa dulzura que no sabe de relojes.
Estaba tocando la felicidad con la punta de los dedos y era consciente.
Me obligué a recordarlo con los cinco sentidos para no perderlo jamás.

Por fin me miraste.
Por fin te miré.
Flexionaste las rodillas, te pusiste a la altura de mis ojos, sujetaste mi cara entre tus manos y secaste mis lágrimas con el mismo dedo que antes me temblaba.
Levantaste mi mentón.
Me sonreíste.
Y creí que el mundo se detenía.

Volví a llorar y a sonreír a la vez.
Me abrazaste.

No puedo describir lo que sentí.
Es imposible.
Solo sé que este instante vivirá en mi memoria.
Y que esta noche, cuando cierre los ojos, volveré a esperarte en mis sueños.




 

2 comentarios:

  1. Hola amiga, me alegra mucho haber conocido tu blog ya que tiene informacion muy interesante.

    No todo el mundo se molesta en hacer uno para poder compartir conocimientos a traves de los diversos articulos, con el resto de personas y eso es algo muy bueno.

    Saludos,
    Francisco M.

    ResponderEliminar
  2. mientras esperas ese paseo puedes pasear conmigo... mua

    ResponderEliminar