Yo me quedo a tu lado


—Amiga, tengo un plan para el sábado. Un paseo por Biarritz y después un crêpe de chocolate.

Sabía que era infalible. A mí me encanta y a ti podía darte un poco de aire. El chocolate siempre ayuda en los días en que todo pesa demasiado.

—Lo vamos viendo.
—Vale, no te preocupes.

No me dolió tu poca ilusión, porque sé en qué punto estás. He aprendido que cuando alguien se rompe necesita a su alrededor personas que sepan respetar sus silencios. Que entiendan que hay días en los que levantarse ya es suficiente. Que acompañar es no exigir nada más.

Cancelas planes a menudo, y jamás lo interpreto como rechazo. Para mí no es desgana, es cansancio. Sé que antes de dar un paso ya has librado una batalla entera. Sé que muchas veces no sales de casa porque temes derrumbarte en mitad de la calle y necesitas sentirte a salvo.

Lo que me parte es cuando decides callarte. No quieres darme tus problemas, no quieres hacerlos reales, no quieres cansarme. Y yo solo quiero gritarte que nunca eres un peso. Que tu tristeza también cabe en mí.

Sé que la ansiedad ya no viene a ratos, que ahora vive contigo. Ha tomado tu cuerpo, tus pasos, tu voz. Y tú, agotada, piensas que tu luz se apaga poco a poco. La tuya y la que siempre me recordaba que incluso en la tormenta se puede encontrar una rendija de claridad.

Pero aquí sigo. No porque me lo debas, no porque me sostuvieras antes. Estoy porque quiero. Porque, aunque no lo veas ahora, todavía hay motivos para quedarse.

No voy a pedirte que estés bien. No voy a obligarte a sonreír. Solo voy a estar contigo en el dolor, hasta que cicatrice. Mi madre siempre decía que para que una herida cierre antes tiene que sangrar. Y tú ahora estás sangrando.

Te prometo algo: esta tormenta pasará. Volverás a reír. Volverás a brillar con esa luz tuya que nunca se apaga del todo, aunque lo parezca.

Mientras tanto, tienes todo lo mío. Mi cariño, mi respeto, mi delicadeza.
Amiga, yo me quedo a tu lado.








5 comentarios: